Pequeña gran lectura. Me quedo con tres ideas, lúcidas aunque desalentadoras:

1. La crisis del sistema educativo no puede disociarse del óbito que afecta a la sociedad contemporánea en su conjunto. Forma parte de un movimiento histórico que también afecta a la desintegración de las familias, descompone la existencia material y social de los pueblos y los barrios y destruye las formas de civismo que amortiguaban todo el sistema.

2. Ese desarrollo de la crisis del sistema educativo no es posible sino en el seno de un sistema capitalista, siendo la crisis resultado deseable para el libre desenvolvimiento de la expansión del capital. Esto es así, porque en el sueño de la Economía capitalista  hay que eliminar cualquier obstáculo al juego “natural” del mercado. La humanidad se forma por personas que actuan como átomos sociales en constante movimiento e impulsados por una única consideración: la de su interés bien entendido.

3. En esa axiomática del interés la escuela tradicional se presenta de manera contradictoria: por una parte ejerce de obstáculo al sistema, pero por otra amortigua sus efectos, haciendo convivir de manera inverosimil lo mejor con lo peor. Michéa señala que tanto el status quo como la reforma del sistema educativo conducen a un callejón sin salida desolador.

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