El oso aviador, el genio introspectivo

“Quería celebrar la vida, con lo bueno que tiene y con lo malo. Por fin veía la suerte que había tenido al pasar por trances aparentemente tan horribles, porque eso significaba que era uno de los afortunados que experimenta un amplísimo abánico de situaciones durante su vida”

Mark Oliver Everett “Cosas que los nietos deberían saber”

Me pasa con Eels lo que con Hefner: les reconozco su autenticidad, la capacidad de escupir con saliva de indudable acidez, sin por ello dejar de tener su pequeña legión de seguidores. Pero apenas tengo un par de discos por grupo; eso en la era de “he ahí el click, he aquí la filmografía completa a 320 kbps”. Alguien los definió como los mejores grupos para bailar con la cabeza. Tal vez sólo lo dijeran de Hefner, pero es igual de válido para Eels. Siempre he mantenido la distancia, y he desconfiado de su errático tono, de inspiración dramática, pero con una frialdad arty (no siempre) que los mantiene lejos de copar mis estanterías.

Por eso no podría haberme sorprendido más la delicada obra maestra que he tenido entre manos en las últimas semanas: “Cosas que los nietos deberían saber” (Blackie Books, 2009). Una especie de lista de la compra gigantesca donde se suceden los hechos por riguroso orden cronológico, en una linealidad tan transparente, tan obscenamente obvia, que resulta irresistible. No hay un sólo salto que altere una sucesión tan lógica que parece el Tractatus del pop independiente de fin de siglo. Con igual lógica demuestra que en el mundo de Mr.E la fórmula siguiente es ley:

arte=a // a=vida//  luego arte=vida

Al margen de una patada en los huevos a la posmodernidad narrativa (a ratos, la acción se desarrolla como si fuera el storyboard de un videojuego de plataformas), Cosas que los nietos deberían saber es una oda a la resistencia como obra vital, al arte de permanecer vivo y conseguir imponerse a la muerte de todos cuantos te rodean, a veces entregados, otras abrupta o dolorosa y lentamente despedidos en un lecho.

La biografía de Mark Oliver Everett no cambiará la historia de la literatura, pero desde su honestidad, con el frio de no tener el abrigo de la piel y de la carne, puro esqueleto, se introduce en el corazón y nos sana. Y la curación, en la forma que sea, es el mejor regalo que el arte puede hacer a la vida.

Anuncios